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Influencias literarias a través de tres milenios

Autor:

Guillem Fornés

Llicenciat en Filologia Clàssica

De troyanos, austriacistas, carneros moros, aqueos, borbónicos y cristianas ovejas

Muchas veces, cuando leemos una novela para romper con la monotonía de la rutina diaria, acomodados en nuestro sillón o sofá, acostumbramos a hacerlo sin prestar demasiada atención a ciertos guiños extraídos de otras obras anteriores que nos va deparando el autor, quien espera que nosotros las advirtamos. Sin embargo, la mayoría de estos guiños o, más bien, homenajes a otras obras se nos suele pasar por alto, debido a lo encriptados o disfrazados que estos se nos presentan. Por lo tanto, si leemos atentamente cualquier novela, puede que hallemos numerosas conexiones con otras obras, e incluso, con obras de hace miles de años. Este será el caso que vamos a ver ahora mismo.

Entrando ya en materia, estas conexiones o, más bien, homenajes, pueden ser asimismo una sátira o burla que hace el autor sobre otra novela muy anterior, cuyos valores cree ya totalmente obsoletos, como será el caso del Don Quijote de la Mancha, en el capítulo XVIII del primer libro, titulado: “Donde se cuentan las razones que pasó Sancho Panza con su señor don Quijote, con otras aventuras dignas de ser contadas”, donde el conocido protagonista y su inseparable escudero Sancho Panza, andando por una vasta llanura, se encuentran con dos enormes rebaños de carneros y ovejas que avanzan el uno contra el otro. Como es habitual en don Quijote, allí donde Sancho y el lector ven dos rebaños encarados, él cree ver dos ejércitos de caballeros medievales dispuestos a darlo todo en la refriega. Estos ejércitos están comandados por el pagano emperador Alifanfarón, señor de la grande isla de Trapobana, y el cristiano Pentapolín del Arremangado Brazo, a quien querrá ayudar don Quijote.

Esta pequeña anécdota, que acabará siendo uno de tantos desastres para el protagonista que acaecen en la novela, es ni más ni menos que una parodia de un canto de la Ilíada, concretamente, del canto III, desde el verso 122 al 144, donde Helena, raptada y seducida por el príncipe Paris, describe minuciosamente los enfrentados ejércitos troyanos y griegos desde las altas murallas de Troya. Cabe apuntar que es Príamo, rey de Troya, quien desde una alta torre de los muros siente curiosidad por saber quiénes son los caudillos de los ejércitos o los individuos más sobresalientes y va formulando preguntas a Helena, quien va respondiendo al rey a modo de descripción. Así pues, tenemos dos descripciones de dos ejércitos enfrentados: griegos y troyanos en la Ilíada, donde los guerreros son de carne y hueso, y dos ejércitos de moros y cristianos, fruto de la locura del protagonista del Don Quijote de la Mancha, ya que, como hemos dicho, son en realidad dos rebaños de carneros.

De este modo, aquí podemos advertir que Cervantes parodia o hace burla de las novelas de caballerías, que en su origen eran obras que bebían directamente de las fuentes grecolatinas, llamadas “materia antigua”. Seguramente, el autor creía abusiva la rica enumeración de célebres guerreros que hace Helena en la Ilíada, lo cual era un recurso del género épico para dar verosimilitud a lo contado, y por esto recrea él también una enumeración de caballeros similar, pero atribuyéndoles nombres altisonantes para emular los de las novelas de caballerías. Estos nombres que utilizará Cervantes tendrán la función de ironizar y ridiculizar la figura del caballero andante y sus gestas. Encontraremos, pues, nombres como: Micocolembo, gran duque de Quirocia, Brandabarbarán de Boliche, señor de las Arabias o Espartafilardo del Bosque. Pero antes de seguir adelante, tenemos que poner nuestra atención en el detalle de que, en la Ilíada, Helena acude a una alta torre de las murallas de Troya, para informar al rey Príamo de los nombres y hazañas de los héroes con sus ejércitos, apostados en la vasta llanura que se encuentra ante las murallas de la ciudad. Recordemos, pues, que don Quijote también se encuentra con los rebaños en una llanura. No obstante, lo que no hemos dicho es que el protagonista propone a Sancho de contemplar mejor ambos ejércitos desde un montículo, que se trata de la deformación que hace Cervantes de la torre de la muralla de Troya, una posición privilegiada para describir las huestes sin ningún peligro. De este modo, después de que el caballero empiece a avistar los dos ejércitos, podemos leer en boca del protagonista: Pero estáme atento y mira, que te quiero dar cuenta de los caballeros más principales que en estos dos ejércitos vienen. Y para que mejor los veas y notes, retirémonos a aquel altillo que allí se hace, de donde se deben descubrir los dos ejércitos.

Siguiendo con la analogía que se establece entre ambas obras, veremos cómo la escena de la descripción se desarrolla casi del mismo modo, ya que, así como Helena crea su discurso descriptivo, a partir de las preguntas de Príamo, también don Quijote, representando a Helena, se responde a sí mismo, no haciendo caso alguno de Sancho –personaje que irónicamente aquí representa ni más ni menos que al rey Príamo-, quien sólo le corta constantemente para advertirle de que son rebaños y no caballeros lo que ve.

Llegados a este punto, he creído oportuno exponer otro ejemplo de la intención de Cervantes de ridiculizar la figura del anacrónico caballero y sus ideales ya del todo obsoletos. Podemos leer este ejemplo en la mitad la enumeración de caballeros: Pero vuelve los ojos a estotra parte, y verás (…) al siempre vencedor y jamás vencido Timonel de Carcajona (…) Y trae en el escudo un gato de oro en campo leonado, con una letra que dice: Miau, que es el principio del nombre de su dama, que, según se dice, es la sin par Miaulina. En este fragmento, se intuye claramente la burla de las insignias del caballero, que representan sus gestas y la reivindicación de sus ideales caballerescos, junto a otra sátira hecha a la figura de su dama, bautizándola con el nombre de Miaulina, una denominación deliberadamente paródica.

Volviendo a la comparación entre el episodio de los rebaños y la Ilíada de Homero, no es de extrañar que Cervantes, como buen conocedor de la cultura clásica, dejara alguna pista entre tantos nombres, para que el lector atento pudiera vincular este capítulo al canto III de la Ilíada. Por lo tanto, cuando don Quijote afirma: A este escuadrón frontero forman y hacen gentes de diversas naciones: aquí están los que bebían las dulces aguas del famoso Xanto, nos hace pensar en los troyanos, puesto que el Xanto o Janto, en español moderno, era el principal río de Troya, llamado asimismo Escamandro. Después de las gentes de Troya, mencionadas curiosamente en primer lugar, irá señalando otros pueblos pertenecientes a la antigüedad clásica, como los habitantes de Capadocia, que vivían cerca del río Termodonte, los medos y los númidas, etc.

Finalmente, don Quijote acabará por cargar contra el ficticio ejército de Alifanfarón, cuyas ovejas irán cayendo una tras otra por el loco ímpetu de su lanza. Los pastores, sobresaltados, le arrojarán piedras hasta darlo por muerto, abatiéndole al suelo. De esta forma, don Quijote volverá, otra vez más, a topar contra la cruda realidad carente de los ideales por los que lucha, unos ideales anacrónicos y que son ridiculizados mediante sus hazañas.

Enlazando con las dos obras anteriores, he creído oportuno ofrecer otro ejemplo de guiño literario u homenaje, que puede uno hallar con una lectura atenta entre las páginas de Victus, novela de Albert Sánchez Piñol, publicada en 2012, sólo hace dos años.

En este caso, no veremos una burla de un episodio de la Ilíada, sino más bien un homenaje a Cervantes, recreando el mismo episodio XVIII del Don Quijote de la Mancha. No obstante, cabe decir que los ejércitos que observarán desde un altozano el protagonista Martí Zuviría y su compañero de viaje Diego Zúñiga no serán dos rebaños de ovejas, sino, como en la Ilíada, dos huestes de hombres. Pero antes de adentrarnos en los detalles, empezaremos por contextualizar un poco el fragmento en que Sánchez Piñol realiza este guiño.

El guiño a Cervantes que nos atañe puede hallarse en la segunda parte de la novela, llamada Vidi, que constituye a su vez la segunda parte del latinismo Veni vidi vici atribuido a Julio César. Dentro de esta segunda parte, el fragmento se ubica en el capítulo cuarto, concretamente, en la página 240 de la primera edición en castellano de 2012.

En este episodio, el protagonista se encuentra en Castilla y se verá obligado a hacer pactos con un mercader para que le lleve hacia Lérida en su carro, con la intención de encontrar el ejército Aliado, que hallará antes de llegar a su destino. En el carro habrá un segundo pasajero llamado Diego Zúñiga, que representará más adelante a Sancho Panza. Para amenizar el viaje, se nos empieza a decir en la página 238 que el protagonista decide llevar consigo un libro concreto. Este libro será naturalmente el Don Quijote de la Mancha. He aquí la primera referencia a Cervantes en Victus. Habrá otras más adelante, pero nos llevarían demasiado lejos del propósito de este artículo. Volviendo al tema, cabe apuntar que Sánchez Piñol no mencionará de forma explícita el nombre del autor ni el de su obra, sino que nos lo dejará entender a partir de una discusión intelectual que mantienen los dos compañeros de viaje. A Diego Zúñiga le parecerá mal que Cervantes ironice sobre las hazañas y se burle de la hidalguía española, mientras que el protagonista lo defenderá por la hilaridad que le causa su lectura y por la ideología que transmite. En este preciso momento, en la página 239, para defenderse de los argumentos compañero, Martí Zuviría, hará mención del capítulo XXII de la primera parte del Don Quijote de la Mancha, en que don Quijote libera unos presos condenados a galeras. Veamos, pues, cómo se expresa el protagonista: -No acabo de entender tu repulsa a una historia tan amena y jocosa. Ahora mismo estaba leyendo un capítulo en que el protagonista libera una cuerda de presos. Su razonamiento es preclaro: el hombre nace como criatura libre; así pues, que unos hombres sean encadenados por otros es intolerable, y en consecuencia toda alma noble está obligada a oponerse a ello. Una vez liberados, por supuesto, los maleantes se lo agradecen apedreándolo. –Me eché a reír a carcajadas-. ¡Triste, chistoso, lúcido! (…). Este es un claro ejemplo de inserción de una literatura dentro de otra, es decir, de metaliteratura, que empleará el autor de Victus para hacer un homenaje a Cervantes.

Una vez el autor nos haya manifestado su admiración por el autor del Don Quijote, hará que ambos muchachos: Martí Zuviría y Diego Zúñiga, suban a un pequeño cerro, desde el que podrán contemplar, a imitación de don Quijote y Sancho Panza, una gran batalla. En esta, se enfrentarán el ejército de las Dos Coronas de los Borbón, capitaneado por el duque de Berwick, y el ejército Aliado, comandado por James Stanhope. A continuación, expondremos los fragmentos en que se puede ver este guiño entre ambas novelas, que a la vez provienen de la Ilíada: nuestra cumbre tenía una altura modesta, pero buenas vistas. A nuestros pies se extendía una llanura rectangular (…). En uno de los lados estrechos del rectángulo estaba Plis Plas Stanhope con sus jinetes (…). Y en el otro extremo del rectángulo, el ejército borbónico.

En el pequeño trozo anterior, que uno puede hallar en la página 240 de Victus, hay que destacar cuatro elementos que tienen en común el capítulo XVIII de la novela de Cervantes y el de la novela de Sánchez Piñol. El primero es la cumbre a modo de talaya que utilizan para presenciar la batalla sin peligro alguno y desde una altura perfecta para tener una visión global de los acontecimientos. Esta visión global, presente en los tres capítulos de las tres obras: la Ilíada, el Don Quijote de la Mancha y Victus, pretende elevarnos como lectores a la misma posición del narrador, que goza de una posición privilegiada y una visión panorámica, y se limita a describir lo que contempla como si se tratara de una cámara de cine, con la que puede enfocar al personaje o la hueste que más le interese. A este tipo de narrador se le conoce como narrador objetivo. Sin embargo, aunque en este capítulo de Victus hayamos podido ver un toque cinematográfico, como en muchas partes de la novela, tenemos que reconocer que durante toda la novela, el narrador imperante es el de primera persona.

El segundo elemento que conecta las tres obras es la vasta llanura que se extiende a los pies de los personajes Helena y Príamo, don Quijote y Sancho Panza, y Martí Zuviría y Diego Zúñiga, seguido de que, como vemos, siempre son dos parejas de personajes los que intervienen en el capítulo.

En cuanto al tercer elemento, notamos que el autor ha hecho el añadido de “Plis Plas” al apellido del comandante James Stanhope. Este elemento puede recordarnos a los nombres ridiculizados de los generales de los ejércitos que aparecen en la novela cervantina. Por lo tanto, cabe la posibilidad de que en esto Sánchez Piñol haya querido emular el estilo de Cervantes.

En síntesis, con este artículo hemos podido constatar un hecho consubstancial en la literatura universal: todas las obras, del mismo modo que todas las culturas, comparten elementos que las vinculan entre sí y nos las hacen considerar unas hijas de otras, así como las lenguas que hablamos, que no son más que el instrumento para transmitir estas obras. De este modo, cuando llevamos esta conexión a las últimas consecuencias, podemos ver cómo un autor como Sánchez Piñol se reconoce deudor de Cervantes, y cómo este último se muestra como hijo y parodiador de las novelas de caballerías, que bebían muchas veces de la materia antigua, es decir, de la fuente de la épica clásica, como la Ilíada de Homero. Es más, desde mi punto de vista, para mejorar nuestro conocimiento histórico, estas influencias literarias no son cosa baladí, ya que no sirven simplemente para hacer un buen análisis literario de diferentes obras –en este caso propias de los siglos VIII a.C y XVI, XVII y XXI d.C.– , sino que nos permiten acercarnos al bagaje cultural de los autores de diferentes épocas y a la transmisión y evolución de unas mismas ideas en contextos históricos de lo más diversos, ayudándonos a profundizar tanto en la historia de la literatura como en la historia de las culturas y las mentalidades.

Imatge: El Quixot carregant contra les ovelles.

 

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