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Los orígenes de Emporion. El templo de Artemisa.

Autor:

Jonathan Vaz

Llicenciat en Història

Como expuse en Rhode, del mito a la iberización, mi anterior artículo publicado en El Principat, la llegada de los griegos a la Península Ibérica supuso el encuentro de dos culturas, que se enriquecerían mutuamente y estimularían los cambios que se iban produciendo en la sociedad indígena. Así es como nos dedicamos a hablar de la ciudad griega de Rhode, envuelta en el mito. Ahora, sin embargo, vamos a centrarnos en su compañera, la ciudad que se asentaba unos pocos kilómetros al sur, Emporion.

A diferencia de Rhode, Emporion nos ofrece una ingente cantidad de datos que los especialistas e investigadores se han dedicado a analizar. Así, lo que podemos decir es mucho más y por ello dedicaremos este artículo a la primera fase, quizás, de experimentación colonizadora por parte de los griegos.

El primer asentamiento griego en lo que sería la futura Emporion se produjo en una pequeña islita, que en el futuro llamarían Palaiapolis. Esta ínsula costera, de apenas 300 metros de perímetro, se ubica exactamente entre las desembocaduras del Fluvià y el Ter. Se ha fechado como data más antigua de la llegada de los foceos a la islita el 575 a. e. La verdad es que en la misma ya hubo un establecimiento indígena, de un centenar o más de habitantes en varias cabañas, del Bronce Final, quizás desde la primera mitad del VIII o segunda mitad del IX [1]. Así pues, la relación era habitual. La economía de estos indígenas se debió de basar en la ganadería de vacas, cabras, ovejas, cerdos y una explotación agrícola de maíz y cebada en la plana, lo que la orografía les permitía [2]. No habría que olvidar la caza y la pesca. También tuvieron contactos comerciales, como lo atestiguan los diferentes materiales exógenos encontrados, como ánforas fenicias del sur de la Península o vasos etruscos. A partir del siglo VII, avanzando al VI, empezamos a encontrar materiales griegos, sobre todo, corintios y jónicos [3]. Esto último se puede entender entre otras razones por la fundación de Massalia (futura Marsella).

Entonces, ya sabemos con seguridad que llegaron marineros y mercaderes griegos para abrir alguna línea comercial. Los griegos encontrarían en la pequeña isla un lugar óptimo de avanzadilla para las transacciones, sin tener que adentrarse en un territorio inhóspito y que se les antojaría peligroso. El proceso debió comenzar con un contacto esporádico de navegantes que toma un carácter estable con el gift trade, ‘los regalos de hospitalidad’ [4]. A través de ellos, se establecería un mínimo de confianza entre las dos partes y los griegos obtendrían información de las tierras interiores. Este tipo de relación comercial se realizó en diferentes partes de la Península, pero con el tiempo sólo llegó a ser fructífero en pocos lugares.

Para José María Blázquez, se debe la fundación a gentes masaliotas que buscaban plata en los Pirineos, igual que pasó con las otras colonias griegas del sur. Enric Sanmartí pone de relieve la sal que se podía obtener de las marismas para elegir este lugar como emplazamiento [5]. Joaquín Ruiz de Arbulo habla de una colonia comercial que se orienta a las transacciones comerciales y como eje de penetración, naciendo como port of trade [6]. Xavier Aquilué apunta su tesis en la misma dirección, entendiendo que fue producto de una colonización focea típica de emporia, como lo demuestra el tipo de colonización en una isla frente a la costa [7]. Rodolfo Lamboglia identifica esta Palaiápolis, cuyo nombre original no parecer ser este, sino posterior, con la tantas veces citada Kypsela [8]. La verdad es que ya las fuentes nos son contradictorias, unas optando por calificarla de fundación focea directa [9], y otras, por ser masaliota [10]. Como fundación focea, es defendida por Ana Pujol i Puigvehí, dando más validez a las fuentes antiguas y destacando la diferenciación clara de la iconografía numismática entre ambas [11].

De este primer asentamiento foceo tenemos poca información, por la dificultad de llevar a cabo obras arqueológicas dentro del pueblo de Sant Martí de Empúries. Los trabajos de Aquilué nos han mostrado unas edificaciones más sólidas que las de los indígenas [12]. Son estructuras rectangulares de muros de adobe sobre zócalos de piedras con arcilla. Se documentan ya trabajos artesanales como trabajos del bronce o cerámica de tradición jonia. Esta Palaiapolis continuará siendo ocupada y sufrirá unas remodelaciones urbanísticas que se inician a finales del siglo VI. Vemos una verdadera urbanización con las casas instaladas en manzanas dispuestas en renglones, con calles adaptadas a la orografía. En esta islita debería de haberse situado, si hacemos caso a Estrabón, un templo a Artemisa Efesia, típico de los foceos [13]. No obstante, no se ha encontrado ninguna prueba firme sobre su existencia, pese a especulaciones que apuntan que podría encontrarse bajo la actual iglesia de Sant Martí, produciéndose una continuidad cultual.

Este templo pudo ser de vital importancia para el establecimiento definitivo en la zona. Recordemos que los primeros en llegar son marineros y comerciantes griegos. La vida de estas personas estaba impregnada de religiosidad, partiendo de la genuina religiosidad griega a la que hay que añadir la desarrollada por trabajar en un medio hostil como es el mar. De ahí que creo bastante acertada la aseveración de Mirella Romero Recio, en cuanto a que “el navegante es uno de los hombres más religiosos del mundo antiguo” [14]. Antes de partir de su casa, realizarán oraciones, euploiai, y ofrecerán alguna ofrenda en el templo de su ciudad de origen, esperando protección divina. Vemos peticiones que se graban como inscripciones. En el momento de partir, la nave se bendecirá con algún ritual como sacrificios de animales [15] o libaciones. De camino a su destino, podían parar en santuarios con una carga ideológica importante para el hombre que vive del mar y depositar entonces unos exvotos.

Así es como podemos llegar a pensar que Emporion pudo ser uno de estos pequeños santuarios o refugios de marineros. Con el tiempo, la actividad mercantil se hizo más importante, dejando su impronta. Cuando el comerciante intercambia sus productos, necesita un espacio sagrado sancionador, para que la transacción tenga validez. En los dioses tendrían la seguridad de llevar a cabo sus intercambios con unos indígenas que desconocían y, seguramente, miraban con temor [16]. Esto se llega a traducir en la existencia de un espacio sacro en donde bajo la vigilancia de los dioses se establecían los acuerdos comerciales. Por tanto, no sería descabellado plantearnos la posibilidad de la existencia de un santuario en la islita de la futura Palaiapolis. Allí existía una pequeña colonia indígena y se establecerían los primeros griegos, desarrollando una relación principalmente comercial. Este hipotético santuario, atendiendo a lo usual de la continuación cultual en las estructuras religiosas, podría haber sido continuador, si no el mismo, del que erigieron los marinos, que veían la isla como un resguardo, y en el futuro serviría de cimientos para el citado en las fuentes templo de Artemisa Efesia. El gran problema al que nos enfrentamos es que, como en muchos otros casos, podemos habernos quedado sin restos materiales.

Imatge: Església de Sant Martí d’Empúries.


[1] SANMARTÍ, E. “Els orígens de l’Empúries precolonial i colonial”. Informació arqueològica XL. Pp. 99 y 101.
[2]AQUILUÉ et Alii. Empúries. Barcelona, 2007. Pp. 11 y 15.
[3] AQUILUÉ et Alii. Empúries. Barcelona, 2007. Pp. 15 y 17-18.
[4] MORRIS, I. “Gift and Commodity in Archaic Greece”, Man 21, No. 1 (Mar., 1986), Pp. 1-17; MORRIS, S. Economic structures of antiquity. Westport 1995.
[5] SANMARTÍ, E. “Els orígens de l’Empúries precolonial i colonial”. Informació arqueològica XL. Pp. 109-110.
[6] ROUIS de ARBULO, J. “Emporion y Rhode. Dos asentamientos portuarios”. Revista Arqueología espacial IV. Pp. 116 y 121-122.
[7] AQUILUÉ et Alii. Empúries. Barcelona, 2007. Pp. 16-17.
[8] LAMBOGLIA, R. “La fondazione di Emporion e il Periplo di Avieno.” Revista di Studi Liguri, XV. Pp. 149-158.
[9] PLINIO,Historia Natural, III, 14; TITO LIVIO, Historias, XXXIV, 2; SILIUS ITÁLICUS, Púnico, III.
[10] ESTRABÓN, Geografía, III; Periplo de Skylax, cap. II; ÉPHOROS, I, 2.
[11] PUJOL i PUIGVEHÍ, A. “El Ampurdán desde la colonización griega a la conquista romana. Según testimonio de los autores griegos y romanos contemporáneos”. Anales del instituto de estudios ampurdaneses 1977. P. 158.
[12] AQUILUÉ et Alii. Empúries. Barcelona, 2007. Pág. 18.
[13] ESTRABÓN, Geografía, III, 4, 6-8.
[14] ROMERO RECIO, M. “Conflictos entre la religiosidad familiar y la experiencia sacra de los navegantes griegos” Arys 1 1998 39-50.
[15] RODRÍGUEZ LÓPEZ, M. I. “Arqueología y creencias del mar en la antigua Grecia” Zephyrus, LXI, enero-junio 2008, 177-195.
[16] ROMERO RECIO, M. “Rituales y prácticas de navegación de fenicios y griegos en la Península Ibérica durante la Antigüedad” Mainake, XXX 2008 Pp. 75-89.

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